Siempre hay una primera vez

Aún recuerdo mi primera vez. Fue ya hace algunos años en un pequeño hostal de Kioto. Cuando entré en el baño, allí estaba. Imponente, desafiante. Con sus botoncitos y sus instrucciones ininteligibles en esa especie de brazo de plástico que le salía de un lado. Era tal y como lo había imaginado.

Recuerdo que no tuve mucho tiempo para vacilaciones, la urgencia apremiaba. Así que sin miedo, afronté el desafío. Una vez aliviado, decidí lanzarme a probar los botones sin saber muy bien lo que me esperaba. Ya se sabe, no hay método más efectivo de aprendizaje que el de prueba y error.

He de reconocer que cuando activé el botón clave llegué a temer por mi integridad al oír aquel sonido de la cánula desplegándose bajo mis posaderas sin saber muy bien lo que iba a pasar. Segundos eternos a modo de cuenta atrás en los que muchos habrán llegado incluso a cerrar los ojos y a apretar los dientes. Y es que nunca imaginas que ese chorro vaya a acertar justo ahí!

Pero una vez compruebas que aquello no es para tanto, y que nuestras partes nobles están a salvo, llega el momento de relajarse y disfrutar. Y también por qué no, de empezar a trastear con los controles: regulando la temperatura del agua, la presión y la posición del chorro, la temperatura del asiento… (recuerdo que hasta activé un botón que emitía como una especie de cantos de sirena!) En cuestión de un par de minutos hasta el menos hábil le ha cogido el tranquillo.

He aquí una advertencia para los más intrépidos: cuidado con la temperatura del asiento! Un exceso de confianza nos puede llevar a convertir aquello en una bonita parrilla. No serías el primero… ni probablemente el último xD

inodoro grill
Recreación de en qué se puede convertir nuestra taza (a excepción del toque de romero)

A los que suelen recrearse en sus visitas al baño tal vez les interese saber que en esta nueva era, solo una delgada línea separa la limpieza del placer. Por lo que es posible que lo de levantarse del trono les dé aún más pereza que antes, sobre todo después de descubrir los poderes relajantes y masajeadores del invento.

Es más. Los que tengan un espejo enfrente probablemente se sorprendan a sí mismos contoneándose sentados en la taza del wc en su intento de mejorar la precisión del chorro del invento (muy efectivo por cierto!)

Pero no nos desviemos del tema. Tras el lavado, sin duda la parte más escabrosa del proceso, tan solo falta la operación de secado para completar con éxito la misión (en aquellos modelos que lo tengan incorporado). Para los novatos en la materia, el símil podría ser el de una especie de secador de pelo, ubicado justo ahí abajo, apuntando directamente a… ya sabéis. De esta última función, como todo en esta vida, hay partidarios y detractores. En cualquier caso siempre se puede echar mano del socorrido papel higiénico para secar la zona

Y tachaaaaaaan! Habremos concluido. Ahora sí, podemos levantarnos de la taza con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Impecable.

Y es que con la ayuda de un inodoro japonés, podemos estar seguros del éxito de la operación por mucho que complique a faena. Atrás quedan los días de estragos y de irremediables consecuencias

Desde mi inodoro japonés hemos intentado acercar la experiencia de usar uno de estos modernos wcs a aquellos a los que les resulta completamente desconocida, para que se despojen de sus prejuicios y recelos iniciales, siempre en clave de humor.

Puede que algunos que ya hayan pasado por ello se hayan sentido en cierto modo identificados, recordando también el momento y el lugar donde perdieron su “virginidad”: un aeropuerto, un hotel, un restaurante… muy probablemente en algún país asiático. 

Dramatización de las consecuencias de una prueba fallida del modo lavado.

También los habrá quienes no se llegaron a atrever a probarlo, pero si se animaron a trastear con los botones llevándose un buen chorrazo en la cara.

A los valientes, a los cobardes, a los novatos, a todos ellos esperamos que este artículo os haya servido de ayuda y os empuje a dar el paso para haceros con uno y empezar a disfrutar de uno de los placeres de la modernidad!

Mi Inodoro Japonés
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